La artista colombiana Delcy Morelos envisiona Madre—su nueva “earthwork” actualmente instalada en el Hamburger Bahnhof de Berlín—como montaña y casa, materia y nutrimiento. La obra, que contiene arcilla, agua, madera, canela y tierra, la ultíma con cascarilla de semillas de trigo europeo además de chía suramericana, presenta a los visitantes con una presencia vital y monumental en el espacio.
Obras previas incluyen Earthly Paradise (Bienal de Venezia, 2022), El lugar del alma (Museo Moderno de Buenos Aires, 2022) y El Abrazo (Dia Chelsea, 2023). En el Hamburger Bahnhof, Madre dialoga directamente con la arquitectura histórica de la estación de trenes y su luz natural, así como una presentación de obras del artista alemán Joseph Beuys.

Robert Preece: ¿En qué tipo de cosas pensaba cuando concebió esta instalación?
Delcy Morelos: Por mi cabeza pasan muchas cosas, algunas nuevas y otras que vuelven una y otra vez. Las características propias del espacio han sido siempre importantes. El techo abovedado del ahora museo y antes estación de trenes, fueron desde el inicio indicios que tuve que seguir. Siempre he buscado dialogar con el espacio que me acoge, que nos acoge, y así establecer una relación en la que los afectos puedan darse libremente.
Madre es la aparición de una fuerza primordial, la forma que toma el poder del dar vida, así como el cambio que sucede en el transcurso del tiempo, hasta llegar al encuentro con la muerte. Es materia es magia.
RP: Optó por una especie de casa con una forma inclinada, con cortes laterales en la masa de tierra. ¿Cuál es el motivo de esta forma?
DM: Yo pensé en la montaña como entidad y fenómeno material. Las montañas también pueden ser entendidas y vividas como casas, pero en un sentido más amplio, más holístico. Colombia es un territorio donde las montañas hacen parte de la vida, la determinan; son al mismo tiempo zonas de frontera y extensiones verticales en las cuales proliferan diferentes maneras de vida y de vivir la vida.
La tierra se extiende tanto en el suelo como en las paredes del museo para abrazar el espacio. Los planos del espacio se pliegan y despliegan, se hace y deshace la vida en la materia viviente.
Madre es una montaña de tierra alemana, europea, que contiene y alimenta semillas suramericanas y europeas; ella es un lugar de encuentro y para el encuentro. Tiene tres momentos que permiten mirarla de cerca, sentirla cerca y de cerca, son extensiones de la materia que invitan a descubrir lo que hay adentro, a sentirnos uno con ella. ¿No es acaso eso lo que sucede cuando nuestra madre nos abraza? ¿No nos sentimos parte de ella y al mismo tiempo un todo junto a ella? El abrazo de la madre es de abrigo y de cuidado; nos recuerda que hay un origen común, somos parte de un todo más grande. Madre es una montaña que da abrazos.

RP: ¿Qué tipo de proliferación esperaba y cuál ha sido el resultado hasta ahora?
DM: Llevo conmigo semillas de la latitud en la que nací. Me gusta tener como compañía esas potencias de vida y por eso es que también están presentes en muchos de mis proyectos, sobre todo en las instalaciones. Si estoy hablando del poder del encuentro me parece importante conjurarlo también a través de la materia con la que trabajo.
Madre contiene tanto cascarilla de semillas de trigo europeo como chía suramericana. El trigo fue a la base del sustrato para darle cuerpo y funcionar como alimento, la chía en cambio ha sido parte de su fina y viviente piel, un recubrimiento que cambia y cambiará con el tiempo.
Lanzar las semillas sobre la superficie es una acción ritual de vida que después se transforma en nutriente.
RP: ¿Cuáles son los elementos que nosotros no vemos, en cuanto a drenaje, alguna iluminación nocturna especial, y los insectos?
DM: Son muchas las capas internas que no se ven pero que laten con fuerza. Las piezas se van armando gracias a la sumatoria de materia y energía; llevan tiempo y mucho, mucho esfuerzo, materia y movimiento. Hacerlas es un ritual en el que hay sacrificio y entrega, convicción y una sincera creencia en el poder y la potencia de las acciones que se hacen con cuidado y amor. Magia, hay mística en todo aquello que no se ve. No son los ojos los canales más apropiados para este tipo de experiencia, es el cuerpo entero en el momento del estar presente. Por eso me interesan tanto los olores, esos elementos que se le escapan a la mirada pero que activan la experiencia.
Construyo además estas piezas para acoger no solo seres humanos, ellas están ahí abiertas y dispuestas para todos los seres que quieran acercarse, que quieran habitarlas, incluyendo a los insectos. Se vuelven sus moradas temporales, el museo se resignifica al volverse un hábitat para esos pequeños seres que nos acompañan siempre. Me gusta que eso suceda. Para mí es la respuesta a un llamado de lo vivo, de la vida.
En cuanto a la luz, me interesa la luz natural, la que viene con las horas día (largos días en el verano, cortos en el invierno), la luz que dibuja sombras cambiantes.

RP: ¿Cómo nos muestra esta pieza los “conocimientos indígenas” que se mencionan en la información sobre la obra?
DM: Los conocimientos sagrados se escuchan y se experimentan, no sé si se muestran. Mis abuelas, Carmen Vicente e Isaías Román, me han entregado por medio de su aliento y su voz de sabiduría, reflexiones que laten en mi cuerpo y tiñen cada imagen que percibo y creo.
El poder decir que Madre es una montaña que da abrazos da cuenta de ese saber de mis ancestros, así como el gesto de desplazar la narración hacia las fuerzas no humanas, hacia la magia y el misterio que posee la materia. Esos conocimientos son un llamado a vivir en una apertura sensible y en este contexto, una invitación al encuentro con una nueva experiencia, la de la humildad ante el planeta.
Un enorme trozo de tierra trabajada por las manos de una mujer suramericana dentro de Hamburger Bahnhof, que dialoga además con la obra de Joseph Beuys, da muestra del poder del saber, de la sabiduría que me ha sido compartida y que quiero y debo seguir compartiendo.
RP: ¿Cómo interactúa su instalación con la obra específica de Joseph Beuys, cuyas obras también se exponen aquí?
DM: La fuerza chamánica de su trabajo ha sido otro elemento presente en cada momento de este proyecto. Sé cuánto de sagrado hay en el quehacer del arte y en la tierra, en los procesos de creación y cambio.
Decidí trabajar nuevamente con tierra, pues en ella están todos los elementos de la historia, ella lleva consigo fragmentos de lo acontecido y al mismo tiempo puede cuidar y nutrir las semillas que contienen el futuro, la vida que está por venir. Beuys conjuró a la vida, yo por mi parte propongo un diálogo donde las fuerzas del cambio, donde el nacimiento y la muerte están siempre presentes.
La sombra de Madre se apoderó, por ejemplo, de algunos ángulos y medidas presentes en la obra de Beuys, detalles donde los juegos rituales de la creación me permitieron entrar en diálogo directo, dejarle saber que era yo y esa fuerza de lo femenino quien había llegado a interactuar con él y con su trabajo.

RP: ¿Qué sorpresas o reacciones por parte de los espectadores observa en este tipo de obras?
DM: Los olores son las primeras presencias que se sienten en el espacio, actúan como anticipo y guía para llegar ante la obra. Los espectadores saben que algo está pasando y pasará con/en ellos. Desde que empieza el proceso de montaje hasta el cierre de la exposición, todos los habitantes y visitantes del museo establecen una relación con el olor.
Otra cosa que sucede es el impulso de tocar. Cada pieza es tocada y por lo tanto, cada pieza está tocando a quienes la visitan. En un principio fue inquietante, ahora me emociona saber que eso sucede pues revela la conexión física que tienen, que son capaces de establecer.
Me emociona ver cómo la gente se sorprende y conmueve del surgimiento de la vida en una escultura, la vida es la magia.
Madre está expuesto en el Hamburger Bahnhof hasta el 25 de enero 2026. Leer la versión en inglés aquí.
